La espiritualidad cotidiana


Armonizar la vida espiritual y el día a día

Cada vez más personas buscan una espiritualidad cotidiana, es decir, una forma de estar en el mundo que no traicione todas esas certezas que se han llegado a vislumbrar desde la perspectiva trascendente de la Vida.

Para conseguir ese objetivo se precisan dos cosas básicas:

  • Un estado interior de ofrecimiento permanente, que requiere enfocar la atención hacia el núcleo de nuestro ser.
  • La humildad necesaria para liberarnos de la lucha egocéntrica por posicionarnos frente a los demás.

El ofrecimiento en la espiritualidad cotidiana

El ofrecimiento surge de forma espontánea, cuando comprendemos que somos un ente individual, pero, no obstante, solidario con el proceso cósmico a través del que se va manifestando la plenitud.

Cualquier actitud que pretenda demostrar generosidad -o alguna otra virtud-, es sólo una forma más de generar carencia y abismarse en la inercia del mundo.

En determinadas circunstancias es difícil mantener ese estado de ofrecimiento; es entonces recomendable, replegarse sobre uno mismo –al modo en que lo hacía Jesús cuando se retiraba al desierto a orar- y recuperar un estado interior idóneo.

La humildad en la espiritualidad cotidiana

La espiritualidad no te empodera -palabra tan de moda entre muchos terapeutas- sino que te libera de cualquier necesidad de posicionamiento frente a los demás.

Desde la humildad sincera no es necesario reconocer ninguna superioridad moral ni en otros ni en ti mismo.

Cuando te conviertes en un medio para la expresión de la coherencia, surge una energía renovadora que no juzga ni discrimina a ningún ser y se pone a disposición de cualquiera que lo necesite.

Reconocer la divinidad en el otro

Por último, es importante resaltar la importancia de reconocer en cada aspecto de lo real, la Consciencia que se haya oculta detrás.

En cada ser que nos rodea se agita la divinidad intentado expresar la plenitud a través de una forma concreta.

Todo ser humano es un intérprete original de la divinidad. Su ser descodifica, de la mejor manera que sabe y puede, su esencia divina y la ofrece al mundo.

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