El mito de la libertad


La inercia del mundo y el mito de la libertad

El mito de la libertad es una idea persistente que nos impide ver las fuerzas que dirigen nuestras vidas.

Existe una inercia en el mundo que está impulsando la creación de todas las formas contempladas. Surge de un punto infinitesimal de Consciencia que abarca todo lo existente.

La fuerza generatriz de la Consciencia ha provocado esa inercia que expande la creación. Gracias a la inercia, la divinidad sigue explorando las múltiples posibilidades de la carencia.

El objetivo de la creación

Esa exploración es el único objetivo de la creación, por lo tanto, no hay un plan salvo el de mantenerse en expansión agotando, así, las posibilidades de la carencia.

Para todo ser consciente cualquier opción de libertad, pasa por reconocerse como parte esencial de ese movimiento de creación y expansión.

El mito de la libertad

Toda elección que hagamos desde la ignorancia de nuestra esencia eterna, supone dejarnos arrastrar por la inercia.

Por consiguiente, no podemos hablar de libertad de elección si no despertamos a nuestra auténtica naturaleza intemporal.

La insatisfacción

Todo lo que experimentamos tiene el impulso original de la creación. Pero, a diferencia de las demás formas, los seres conscientes tenemos la responsabilidad de dar un sentido a esa potencia creativa.

Por esta razón, nuestra responsabilidad es la de acompañar a la Vida en su regreso a la Plenitud. Cualquier otra opción nos mantendrá en un perpetuo estado de insatisfacción.

El fin de la inercia del mundo

Para detener la inercia que nos empuja permanentemente, es necesario recobrar la consciencia de nuestra naturaleza primordial.

La inercia se expresa, a nivel psicológico, como pensamientos y sentimientos que provocan en nosotros comportamientos automatizados.

Sólo desde la atención a nuestra propia sensación de ser, es decir, nuestra consciencia, podemos observar el flujo de energía creativa que lo impregna todo.

Acompañar a la Consciencia

La Consciencia tiene su propio ritmo, mucho más calmado que el del mundo. De hecho, siendo ella causa de todo movimiento, permanece en un éxtasis inmutable.

Por ello, acompañarla supone liberarse de las promesas vanas de la mente subconsciente y dejar de implicarse en la creación de una vida de carencia.

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