Cómo vivir desde el sentido


Cómo vivir una vida con sentido

Para poder vivir desde el sentido debemos comprender que todo sufrimiento está asumido en el origen de los tiempos.

En apariencia el mundo puede parecer cruel, inhóspito e incluso, aterrador, pero lo cierto es que en él sólo acontece lo que debe acontecer.

Es necesario descubrir esa parte de nosotros que trasciende cualquier circunstancia -ya sea considerada buena o mala- y que permanece en un estado de paz absoluta.

No es posible, de otro modo, entender que no existe ninguna ley que nos avoque a un permanente estado de insatisfacción en busca de la felicidad. Tan sólo existe este despliegue de creatividad explorando la multiplicidad.

La aventura de la Consciencia

Cuando el caminante pasea por la calle, siente que lo hace en un mundo que anhela su consumación. Nada hay en él que permanezca idéntico a sí mismo, salvo su propia esencia.

Facilitar el retorno a esa esencia es labor del caminante, acompañando a la Consciencia en su aventura a través de la forma.

Este acompañamiento no significa plegarse a cualquier circunstancia que nos toque vivir, sino resistirse a la inercia que nos empuja a la creación de un mundo de carencia.

Exploradores de la Consciencia

Como exploradores de la Consciencia, somos la herramienta necesaria para detener esa inercia. Necesitamos retornar a la fuente de todo y contemplar el mundo desde allí.

Al contemplarlo desde la plenitud, iniciamos el retorno junto con la Vida a su origen.

El mundo parece que evoluciona, que mejora o se perfecciona, pero cada avance tiene un efecto secundario inesperado: no hay solución en la forma. Por más que mejoremos o perfeccionemos el mundo, jamás será capaz de darnos la plenitud que anhelamos.

La inconsistencia del mundo

En la plenitud no puede haber cambio, la forma no puede dejar de cambiar. Renunciar a encontrar la plenitud en el mundo de la forma no significa que no tengamos preferencias, sino que no nos implicamos en ellas.

Sabiendo que la forma es cambio no nos aferramos a los objetos, ni a las personas, ni a las situaciones que nos producen placer; ya sea este estético, físico o espiritual.

Cuando hay que sufrir, simplemente, se sufre y cuando hay que disfrutar, se disfruta; es parte del juego y así lo asumimos. Por supuesto, no es resignación, si no aceptación.

Vivir desde el sentido de lo eterno

Pero en nuestro interior sabemos que todo ello es pasajero y que tan sólo es una expresión de lo eterno que yace intacto en nuestro interior.

Olvidar que la plenitud es nuestra naturaleza primigenia significa abandonarse al juego de la carencia, dejar de ser un jugador y convertirse en una simple pieza en el tablero del mundo.

Vivir la vida desde el sentido equivale a descubrir nuestra naturaleza eterna e inalterable.

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